Discursos de la carne de Alexander Tolush, Editorial Alfaguara. 2005, 347 páginas.




Por Marcelo Beltrand Opazo


Provocador resulta el título y hasta el nombre del escritor. Uno se pregunta quién es este autor desconocido que nos presenta éste, su primer libro, según la contratapa. De donde salió este “químico” soviético que estuvo recluido en una clínica psiquiátrica y que deserta de la URSS en una compañía de ballet. Uno se queda con esas preguntas mientras se sumerge en el texto, y como éste tiene una velocidad que realmente sorprende (al inicio), se deja llevar por la gran cantidad de descripciones, digresiones y recuerdos del personaje, que las pregunta iniciales quedan en segundo plano. Sin duda que el desmoronamiento ético y moral del personaje, utilizado como metáfora, es un acierto del escritor, ya que es la propia URSS la que se desmorona, el gran elefante blanco, se cae inevitablemente, producto de su propia corrupción y podredumbre, pero, que a la larga cansa y hace poco verosímil la historia. Ese es el panorama que nos relata Tolush en su libro, este es libro que nos presenta el autor incógnito.
Había leído la mitad de Discursos de la... cuando una amiga me cuenta que la verdadera identidad del autor no es Alexander Tolush, sino que Fernando Villegas, el opinólogo de Chilevisión. La sorpresa no fue menor. Así es que a medida que la lectura avanzaba y la velocidad no disminuía y las descripciones y digresiones no se detienen, y el personaje comienza a desdibujarse, la figura de Villegas no me abandona nunca más. Así, lo que tuvo un punto de partida, un inicio, se va perdiendo en el camino, el lector se olvida de ese momento primigenio, de esa aventura que se emprende con Discursos de la carne, por que, el estilo enfático exacerbado al máximo su convierte en la constante a lo largo del relato.
La primera escena que se graba en la memoria del lector transcurre en el Ylushin, el avión presidencial soviético. En el que viajan Gorvachov y su comitiva, después de sobrevivir a un frustrado golpe de estado, y es ahí donde todo se inicia, los primeros desvaríos de Efim Geller. Cuando llegan al aeropuerto y nadie los espera se concluye que puede ser un nuevo atentado, así es que nuestro personaje sale al encuentro de los conspiradores, pero este cae en el intento, producto de un ataque cardiaco. Mientras permanece inconsciente, imágenes, fantasmas y pesadillas se suceden en forma delirante por la mente del personaje, sin ninguna lógica. Es tan así, que llega un momento que uno se pregunta quien es realmente este oficial del ejercito rojo, quién es realmente este personaje demasiado confuso y patológico para ser real, es decir, el relato se vuelve poco creíble. Sumado a lo anterior, podemos decir que los tiempos narrativos se pierden, es decir, el lector se preguntará en qué momento se pasa de una escena a otra, o si lo que está ocurriendo es el ahora o el pasado de Geller, los resúmenes (el recuerdo de hechos pasado) se extienden tanto, que se devora por completo la historia, desdibujándola. El relato pierde sentido. Finalmente, Discursos de la carne termina por agotar, producto de su estilo verborreico, donde las palabras se tropiezan unas con otras y no dan respiro en ningún momento.
El intento es bueno, para ser la primera novela de ficción de Tolush-Villegas, pero escribir, no es sólo eso, intentos desbocados, por dar con la mejor historia. Escribir es oficio, trabajo, y respeto por el lector, es decir, debe existir empatía, algo de lo que adolece este libro.
Bueno, esperemos que el próximo libro de Villegas-Tolush tenga la tranquilidad de los buenos relatos.

1 comentario:

Lorena dijo...

Lo compré , me había interesado cuando leí la contra portada, no lo había escuchado nunca y como se suponía que el autor se cambió nombre y se quedó en Chile, me tincó. Creo que el saber que en realidad es Fernando Villegas me ha quitado las ganas de leerlo pero ya que lo compré, un esfuerzo.