Terraza en roma de Pascal Quignard

Edit. Espasa / 137 pp.
Por Marcelo Beltrand Opazo Leer, es mirar a través de los ojos del escritor, ver el mundo, conocerlo; es una invitación a pararse al otro lado de la vereda y, asombrarse, sorprenderse de lo que se ve. Leer, es entrar a otro mundo. El libro Terraza en roma de Pascal Quignard nos entrega una novela escrita con maestría, con una voz omnisciente conocemos la historia de amor, la historia de Meaume, grabador francés del siglo XVII. En la primera página el lector se entera de la trama y se sorprenderá del lenguaje y las imágenes que el autor construye. Escribe: “Nací en el año 1617 en París. En París fui aprendiz con Follin. En la ciudad de Toulouse, con Rhuys el reformador. En Brujas, con Heemkers. Después de Brujas, viví solo. En Brujas amé a una mujer y mi rostro se quemó. Durante dos años oculté un rostro horripilante en el acantilado que se alza sobre Ravello, en Italia. Los hombres desesperados viven en ángulos. Todos los hombres enamorados viven en ángulos. Todos los lectores de libros viven en ángulos”. El autor presenta su historia o, mejor dicho, parte de esta, e incorpora al lector en el juego oblicuo del lenguaje, atrayéndolo hacia adentro, hacia el interior del libro, convirtiendo al lector, finalmente, en cómplice de la historia de Meaume el grabador. La novela transcurre de forma singular, por medio de pequeños capítulos que se quedan como paisajes, sutiles, silentes; el personaje se mueve por colinas, montañas y ciudades, avanza en el arte del grabado, vive y conoce. Y son estos pequeños capítulos donde el lector encontrará textos, que como epifanías destellan, alumbran. Se leen: “Cada cual sigue el fragmento de noche en el que zozobra. Un grano de uva se hincha y revienta. Al comienzo del verano, todas las ciruelas claudias se agrietan”; o, “¿Qué hombre no ama cuando estalla la infancia?”; y, “Todos los desdichados nacen de la ira de sus padres, que el placer que la ha seguido no ha sido capaz de saciar”. Así avanza Terraza en roma, dando pequeños saltos, pinceladas. “Meaume el Grabador murió a finales del año 1667 en Utrecht”, y sus grabados, los que sobrevivieron, comenzaron a conocerse, así como su vida, a través de la pluma y la imaginación de Pascal Quignard, que escribe Terraza en roma, una novela inexplicable, una novela magistral.

1 comentario:

David dijo...

Siempre me ha gustado mucho la literatura y por eso disfruto de leer muchos libros diferentes y constantemente trato de encontrar las obras de distintos autores. Me gusta cuando viajo, estar en los Hoteles leyendo a autores del lugar